Invitados No Deseados Imprimir E-mail
Artículos
Escrito por Lea Hamann   
Sábado, 21. Noviembre 2009

Hoy me pregunto varias cosas.

¿Cómo nos encontramos con nuestras emociones que surgen en la vida diaria? ¿Cómo nos encontramos con el temor, el vacío, la soledad, la ira y la preocupación? La mayoría de las personas que conozco se encuentran con ellos como invitados no desados.

Ay Dios mío, ahí está el Sr. Temor de nuevo. Le dije que se mantuviera alejado pero ahí está. ¡Ay no!

Les damos un portazo en la cara a las emociones no deseadas. Damos patadas en el suelo como niños pequeños esperando que se vayan. Y a veces parece funcionar un tiempo. Pero siempre regresan.

Parecen querer algo de nosotros. Pero, ¿qué es?

En realidad, acabo de pasar una fase con nuestro perro, Noah, en la que él siempre llegaba y aullaba justo cuando estaba en medio de escribir algo interesante. Y una parte de mí decía: ¡Ahora no! Regresa después. Pero esto es algo que él no comprende fácilmente. Simplemente seguía aullando.

Finalmente algo dentro de mí me dijo: Álzalo y abrázalo un momento. Así que respiré profundamente y simplemente lo abracé un momento. Fue asombroso. Este momento de paz y quietud en realidad fue bueno para mí, también. Me desaceleré. Y Noah parecía necesitar una sensación de conexión.

Yo sé que los animales no entran en estas energías más orientadas hacia la mente como lo hacemos nosotros. Así que cuando la familia entera está trabajando en esta cosa de la computadora puede parecerle a él que ninguno estamos ahí. Así que él llega y nos pide que le ayudemos a sentirse conectado de nuevo. A sentirse seguro y en casa.

Después de casi dos minutos él regresó a su lugar y empezó a jugar con su bola. Así que todo lo que se requirió fueron dos minutos.

Cuando lo escuché aullar la primera vez mi mente de repente me mostró esta horrible imagen donde nunca podría escribir de nuevo, sino que tenía que pasar todo mi tiempo sentada con un perro que aullaba. Por siempre jamás.

Entonces la mente miente. Nos dice, que si abrimos la puerta y nos encontramos con nuestros sentimientos - nuestra pareja, o incluso nuestros hijos – ellos nos abrumarán.

Y en realidad es lo contrario. Tendemos a salirnos del equilibrio, cuando comenzamos a evadir nuestros propios sentimientos. Entre más luchemos contra ellos, más espeluznantes se vuelven.

Así que esto es importante.

Yo decido cómo encontrarme con mis emociones. Yo decido si abro la puerta y me encuentro con ellos o les doy un portazo en la cara porque mi mente me dice que así lo haga. Y esta no es una decisión única. Me tengo que maravillar con las personas que me dicen: Hace meses decidí que quiero vivir con mi alma. Y yo digo: Maravilloso. Para mí, tengo que tomar esta decisión todos los días, cada minuto, con cada respiro que tomo. Porque cada respiro es otra decisión de estar con mi alma.

¿Alguna vez te has detenido a preguntarle a la emoción que está surgiendo lo que quiere de ti? Cuando damos el portazo es bastante difícil entender por qué vienen a nosotros.

¿Qué quiere el Sr. Temor? ¿Qué tengo yo, que el Sr. Temor no tiene?

El Sr. Temor viene a mí, porque yo sé dónde vive mi alma. Y él no lo sabe.

Así que toca el timbre de mi puerta y él está un poco empolvado y se ve un poco andrajoso. Cuando me detengo el tiempo suficiente para escuchar su pregunta, lo puedo ayudar. Porque yo sé dónde vive mi alma. No sé esto en mente. No le puedo dar palabras elaboradas y grandes explicaciones. Pero lo que puedo hacer es tomar respiraciones lentas y suaves hasta que sienta el amor de mi alma.

El Sr. Temor se está emocionando. Eso es. Quiero eso. Ese sentimiento cálido y hermoso, esto es el Hogar. Quiero ir allí.

Está bien Sr. Temor, puedes montarte en mi respiración, directo a mi alma. Y ahí se va, respiro a respiro, disolviéndose en calidez y felicidad. Casi puedo escucharlo gritar: Estoy en casa. Gracias a dios. Lo encontré.

Y me hace sonreír sentir el amor de mi propia alma irradiando a través de mí. No hay nada más conmovedor que sentir a nuestra alma dándole la bienvenida a un hijo perdido. A ella realmente le hacía falta el Sr. Temor. Y ella seguía buscándolo, esperándolo a que volviera a casa.

Así que cuando las personas me preguntan cuándo se detiene esta cosa de la integración, no sé qué decir. Me encanta, que cada día más de mí logra volver a casa. Más de mí es amada y se conecta a mi alma. ¿Realmente es tan malo? ¿Es tan malo concederle el mismo amor a toda yo?

No lo creo.

Entonces sigo encontrándome con mis emociones, mis muchos lados. Día tras día llegan a mi puerta. ¿Eres tú la dama que sabe dónde vive el alma? Y a veces les tengo miedo un momento, porque ellas han viajado tan lejos y están tan agotadas y sucias. Pero entonces puedo sonreírles y decir: Sí, soy la dama que conoce al alma. Pronto volverás a casa.

Traducido por Maribel González – Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Image: idyguy Website: www.idyguy.com

 
!-- Piwik -->