| No siempre puedes obtener lo que necesitas - ¿o puedes? |
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| Artículos |
| Escrito por Lea Hamann |
| Jueves, 29. Octubre 2009 |
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Traducido por Maribel González – Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla A veces hay momentos en que sabemos que necesitamos un poco de tranquilidad, o un poco de calidez, o simplemente un poco de comprensión compasiva, sin embargo parecemos incapaces de conseguirlo. No tomamos los cinco minutos, o hacemos la taza de té ni nos quedamos quietos. Sabemos que necesitamos algo, pero simplemente no respondemos a nuestra propia necesidad. ¿Por qué no lo hacemos? Hay muchas razones. La mayoría de las personas han sido criadas con la creencia de que es una señal de debilidad necesitar algo en modo alguno. Escuchamos a nuestros padres hablar dentro de nosotros. ¡Quieres descansar otra vez, niña vaga! Acabas de tomarte una taza de té, ¿por qué necesitas otra? No seas tan mariquita y deja de quejarte. Cuando escuchamos estas voces, nos detenemos. De repente, ya no estamos tan seguros si un descanso es lo adecuado. Hasta la taza de té ya no suena tan deliciosa. Titubeamos y dudamos de nosotros mismos. En la mayoría de los casos estas conversaciones ocurren inconscientemente, entonces ni siquiera nos damos cuenta que las tenemos. A veces hasta tratamos de engañarnos, así como lo hicieron nuestros padres. ¿Alguna vez deseaste un juguete específico y acabaste obteniendo una versión más barata que simplemente no era lo mismo? Pero tus padres insistieron: Es lo mismo. Pero en tu corazón sabías que no lo era. Entonces cuando anhelamos un trozo de chocolate y en cambio nos damos una galleta saludable – simplemente no es lo mismo -. Tratamos de engañarnos, porque le tenemos pavor a nuestras propias necesidades. Quizás con los años continuamos en un viaje más espiritual y de repente etiquetamos a nuestras necesidades como Ego. El Ego malo quiere un poco de atención. El Ego malo quiere descansar otra vez. El Ego malo quiere un poco de calidez y más galletas. ¡Ego malo! Muchas mamás me han contado que a menudo dejan a sus bebés llorar porque de no ser así los malcriarías. Ella tiene que aprender que no puede tener lo que quiere. Entonces el bebé sigue llorando. Y ellos aprenden que vivir esencialmente significa dolor, anhelar algo desesperadamente – pero nunca obtenerlo -. La lógica de dejar a los bebés llorar podría funcionar. El bebé podría rendirse y dejar de mostrarnos lo que realmente necesita. Y treinta cinco años después tenemos a un adulto que no confía, que no puede recibir. Aprendimos a desconectarnos de nuestras necesidades. Hasta que comenzamos a reconectarnos con nuestra alma. Nuestra alma es la mamá suave, paciente y abundante que nunca tuvimos. Ella tiene una abundancia de tiempo, comprensión y amor que nos espera. A ella le encanta ayudarnos a recibir. A ella le encanta mostrarnos que nuestras necesidades no son algo extraño y engañoso, sino que son sinceras y que nos conducen en el sendero de nuestra alma. Si tienes esta clase de mamá, es divertido tener necesidades. Ella ya sabe lo que necesitas incluso antes de darte cuenta. Simplemente tienes que recibir. |


